Lectores

5 feb. 2011

Serie Labios persuasivos Capítulo 10. Encerrada en el fondo.




Por un instante no pude evitar acordarme de Frederick, ya que él me había sumergido en una bañera y ahora Dimitri me sumergía en el mar, que obsesión conmigo por dios! Pero enseguida empecé a tragar agua salada y me revolví desesperada. Dimitri me sujetaba por el torso con fuerza y yo me debatía llena de terror. Recordé las miles de imágenes de ahogados que había visto en el internet o en las películas y mi miedo se acrecentaba por segundos. Además, al contacto con el agua de mar mi cuerpo se electrizaba y sentía una energía tan fuerte que yo no podía controlar y que ponían a temblar cada uno de mis músculos. Al final, aquello fue demasiado para mí y perdí la consciencia.
No sé cuanto tiempo estuve así, pero cuando desperté estaba en la más absoluta oscuridad. Dimitri me seguía sosteniendo y seguíamos descendiendo en el mar, la temperatura había descendido muchísimo y sentí escalofríos. Noté que estaba respirando agua y aunque lo había sentido una vez en casa de Frederick, aquello volvió a angustiarme. Por mi mente volvieron a pasar las palabras de Frederick, ¨no vayas a Larimar¨ y mis lágrimas se mezclaron con el agua salada del mar.
Entonces, allá en el fondo pude percibir algunas luces. Puntos pequeños y titilantes en la oscuridad. Cada vez nos acercábamos más a ellos y lo que eran solo unos puntos se fue convirtiendo en una extensión de luces congregadas en el fondo.
Yo no me atrevía a moverme, a decir nada.
-Que extraño-escuché la voz de Dimitri cerca de mi oído-llevamos un tiempo descendiendo y ni siquiera has dicho una palabra. Acaso estás muerta?
-Para qué voy a hablar? No tiene caso. Ya me dí cuenta de que eres un ser despreciable. Y soy lo suficientemente inteligente para saber que no vas a soltarme. Pero te advierto: sea lo que sea que estés planeando tú y todas las ratas marinas que intentan utilizarme para sus planes, ya puedes sentarte a esperar.
-No te preocupes-esbozó una sonrisa torcida-no necesitamos que colabores con nosotros. Lo haremos con o sin tu voluntad. No estorbarás. Nuestros planes seguirán adelante quieras o no. Solo tengo que llevarte al lugar preciso.

Las luces del fondo estaban tan cerca que me cegaron y tuve que cerrar los ojos. Abrí un ojo a duras penas y constaté que se trataba de una edificación. Parecía un templo. Altas columnas que parecían de mármol estaban coronadas por banderas oscuras que se mecían lentamente como si fueran acunadas por el viento. A medida que nos acercamos podía ver unas estructuras circulares, llenas de rejillas desde la que nos vigilaban extrañas criaturas, con torso de humanos, pero con sus ojos amarillos. Sentí un estremecimiento cuando al acercamos a uno de ellos pudo ver que en vez de pies tenía una especie de dedos unidos por ventosas. En realidad me pareció muy similar a las patas de rana que había visto en el colegio, pero no tuve tiempo de mirarlo con mucha calma ya que estaba siendo secuestrada, ok?
En ese momento además vi un par de ojillos a mi lado y pude comprobar que un tiburón pasaba muy cerca de mi. Enseguida vi como se acercaban a aquella ciudad cientos de tiburones que nadaban en círculos haciendo una especie de remolino en su parte superior. En esa zona el agua estaba rojiza como si tuviera restos de sangre. Yo estaba presa del terror. Nos acercamos a una puerta que parecía una losa.



Penetramos en el interior y Dimitri me soltó con desdén. Sentí unas manos frías que me agarraron por un brazo y con rudeza me lanzaron hacia una pared. Cuando me di la vuelta vi como, tras una nube de burbujas, salían del piso una madeja de algas que formó una especie de red frente a mi impidiéndome salir. Cuando las toqué sentí que me quemaron la mano y retiré el brazo con un grito de dolor.
Todo se quedó en silencio durante unos momentos. Luego escuché pasos que se acercaban. Parecían transportar a una criatura muy pesada, tal vez gorda. Los pasos se detuvieron ante mi puerta y escuché una respiración, pesada. Un olor fétido me alcanzó como un golpe en la cara y me revolvió el estómago. Me retiré hacia la pared intentando huir de aquello que estaba en el pasillo. El corazón me latía a mil y pensé que iba a morir, que habían mandado a alguien para matarme.
El tiempo pasaba y seguía escuchando aquella respiración pesada y aquel olor fétido no desaparecía. Entonces comprendí que me estaba mirando. Lentamente, me acerqué a la madeja de algas hasta colocar un ojo lo suficientemente cerca de un agujero para poder ver lo que estaba en el exterior de mi celda. Entonces vi a la criatura más repugnante que había visto en todo mi vida.

Por Lady y Leonel de lima

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