Lectores

5 nov. 2010

Serie Labios persuasivos Capítulo 6 Piel

En vez de correr Emely se soltó y me miró como si yo me hubiera vuelto loca.
-¿Pero que estás haciendo? ¡Me estás asustando!
-Emely, esa persona o esa cosa, quiere hacernos daño-dije, apresuradamente mientras la empujaba para que se acercara a una orilla del camino, lo más lejos posible de aquella silueta, y mientras con la otra mano le señalaba lo que se nos acercaba.


-Ay Charlotte, deja de jalarme así. Me estás lastimando. Además, no veo nada ahí.
Cuando Emely dijo eso sentí que no aguantaba más. La miré muy seria un instante y encontré sinceridad en sus ojos. Efectivamente ella no podía ver la silueta, pero yo sí. Eché a correr alejándome de ella, intentando llegar a mi casa, el único lugar donde podría sentirme segura. Emely corrió detrás de mi.
-¡Charlotte! ¿Pero que estás haciendo?
Pasé cerca de la silueta como una bala sin atreverme a voltear la cabeza. Las llamadas de Emely me resonaban en los oídos. Sin prestarle atención corrí hasta llegar a mi casa. Subí de un golpe los cuatro escalones de la entrada y entré en la sala en un franco estado de desesperación. Mi madre estaba sentada frente a su computadora y levantó la mirada por encima de sus espejuelos cuando me vio llegar.
-Hola cariño.
Pero no le contesté y subí a mi habitación. Cuando cerré la puerta detrás de mi, suspiré aliviada. Sentí la paz que estaba buscando durante todo el día. De repente escuché:
-Al fin llegas.
Di un salto a un lado dejando caer mi mochila. Y ahí estaba Frederick, sentado en mi cama. Esperándome. Por un instante parpadeé sin poder creer lo que estaba viendo. Me tomó unos minutos calmarme y no hacer una escena como la que supuse que él imaginaba. Intentando permanecer calmada me acerqué a él.
-Bien. Ya veo que para ti no existen los límites-dije, entre dientes. 
-No es que no existan los límites, solo quiero tener una charla íntima contigo.
Tomó mi mano, extrañamente no intenté huir de él. Volví a sentir lo que me había pasado una vez en el curso cuando lo miraba. Una ola de placer se extendió por todo mi cuerpo y eso me aturdió.
Él continuó agarrándome y me acercó a su cuerpo hasta pegar mi cabeza sobre su pecho.
-Lo siento tanto Charlotte, de verdad. Me gustaría tanto ahorrarte todo lo que estás pasando.
-No te preocupes me acostumbraré.dije, mientras me mordía los labios. Nunca había estado tan cerca de él y no podía imaginar que oliera tan bien. Supuse que debíamos separarnos ya, pues su gesto de apoyo y de comprensión ya había surtido efecto, pero ninguno de los dos se decidía a apartarse.


Mi oreja había quedado justamente sobre su corazón y me di cuenta de que sus latidos se volvían más rapidos. Entonces senti su mano en mi espalda. Sus dedos se introdujeron por debajo de mi blusa acariciando mi piel. El contacto me hizo estremecerme. Su mano continuó ascendiendo. Yo no me movía. Quería que ese momento durara para siempre. Alguien tocó a la puerta.
-Charlotte, ¿estás bien cariño?

Autores: Lady Diana Castillo y Leonel de lima
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