Lectores

14 mar. 2010

Las crónicas del límite



La espesura del crepúsculo… un paraje lleno de vapores que te harán perder la memoria y te condenarán a vagar eternamente…el jardín de las piedras…donde verás a las rocas crecer haciéndose más y más ligeras hasta flotar libremente…o Subciudad, donde se funden los metales y se forjan las cadenas….estas son algunas de las zonas que forman parte de Las tierras del límite, el mundo en el que habita Twig, un leñotrol diferente a los demás.



Twig descubre por qué no es aceptado del todo por los otros leñotrols: no es uno de ellos, su madre lo encontró en el Bosque Profundo, un lugar poblado de seres peligrosos como el roble sanguino, un árbol siempre hambriento que extiende sus ramas hasta varios metros de distancia para capturar a sus víctimas y alimentarse con su sangre, los duentes gili, fanáticos de la miel rosada o los grandes osobucos poseedores de una fuerza descomunal.



Soñando con poder unirse a los piratas aéreos y poder surcar el cielo en uno de esos barcos voladores Twig abandona el poblado de los leñotrols en busca de su destino. Sin embargo, a la primera, olvida el último consejo de su madre: Nunca, nunca te apartes del sendero…y eso es lo que el despistado de Twig hace, abandonar el camino y adentrarse en el inexplorado bosque sin imaginar que nadie que se adentre en el Bosque Profundo puede escapar de las garras del gologolor.
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