Lectores

29 ene. 2011

Serie Labios persuasivos Capítulo 9. Voces del mar.

Un rato después llegamos a la playa y tuve que bajarme de la guagua y seguir a mi mamá, que estaba loca por tostarse. Así que perdí de vista por un momento al chico-guapo, que la última vez que lo miré me estaba mirando muy fijamente. Pero como yo había captado muy bien que él trabajaba en la playa a la primera oportunidad me iba a escapar para buscarlo. Como que me llamo Charlotte.

Mi madre se tumbó debajo de una sombrilla de playa y sacó todo su arsenal de cremas para antes, durante y después del sol, y yo me tendía a su lado...en la sombra. Estaba mirando como las olas se estrellaban contra la orilla y ene se momento me acordé de la advertencia de Frederick. ¨Mantente alejada del agua¨. ¨No vayas a Larimar¨. Y aquí estaba, en Larimar a unos metros del agua. Seguí mirando la playa y el rumor del mar comenzó a formar palabras que yo no podía escuchar bien, pero que no me parecieron naturales. Eran como susurros que iban tomando forma en mi cabeza, como cientos de voces que clamaban desde el mar. No las había escuchado desde que era una niña y comencé a ponerme nerviosa. Cada vez las voces eran más clara, ya casi podía entender las palabras cuando alguien me puso la mano en un hombro.
-Hola! Ya veo que estás disfrutando de la playa-era el chico que había conocido en la guagua. Mi madre lo miró con interés un instante.


-Buenos días, señora, como está?-le sonrió él-imagino que usted es la hermana de Charlotte.
-No, soy su madre-contestó ella con una sonrisa, justamente porque le encantaba que le dijeran que parecía mi hermana en vez de mi madre.
-Pues nadie lo diría-afirmó él.
-Vaya, gracias-se acabó de rendir mi madre a sus encantos-trabajas aquí?-preguntó, señalando su traje de baño en el que se veía el distintivo de salvavidas y el silbato que colgaba de su cuello.
-Sí, pero somos tres, tengo un par de horas libres. 
-Que bien! Charlotte deberías dar una vuelta con el salvavidas, hija. Así no estás aquí a mi lado con esa cara de sufrimiento.
-No, yo....
-Buena idea. Vamos-y me tendió su bronceado y musculoso brazo, levantándome del suelo con el mínimo esfuerzo. 
- Vaya, que fuerte eres!-le comenté.
-Son los ejercicios que tenemos que hacer para estar en forma-se sonrojó.
Caminamos por la playa y no podía evitar sentirme nerviosa ya que las voces solo desparecían de mi mente cuando Dimitri me hablaba. pero cuando su voz no estaba otra vez las voces volvían a repiquetear en mis oídos y comencé a tener miedo de estarme volviendo loca. Por eso le pedí que me hablara de él para no escuchar las voces del mar.
Arrullada por la voz de Dimitri, nos acercabamos cada vez más a la orilla. Se acercó un vendedor de cocos y nos preguntó si queríamos beber. Dimitri rápidamente asintió y le compró dos.  Cada uno agarró un coco y seguimos caminando, mientras él me contaba las tontas leyendas que circulaban sobre la playa Larimar. Cada vez estábamos más cerca del agua y dejandome llevar por su voz me distraje. Entonces sentí que una ola rompió en mis tobillos. En ese momento Dimitri hizo silencio y comprendí lo que susurraban las voces del mar: Entra.
Rápidamente retiré mis pies del agua y miré hacia donde debía estar mi madre. Pero nos habíamos alejado mucho y solo se veía en la distancia la sombrilla de playa como un puntico lejano. Me di cuenta de que en esa zona no había gente bañándose, ni tumbada en la arena.
-Vamos a regresar Dimitri. Ya estamos muy lejos.
-Que te ocurre? Tienes miedo?-dijo mientras sonreía de una manera muy extraña. De repente ya no me parecía el chico simpático que había conocido en la guagua. Sus ojos tenían una expresión dura, había algo sombrío en su manera de mirarme. Yo retrocedí un paso.
-Quiero regresar con mi madre-insistí y sin esperarlo, me volteé y empecé a caminar, alejándome de él. Entonces me agarró bruscamente del brazo y me arrastró hacia el agua. Intenté gritar y me tapó la boca con violencia. Siguió arrastrándome y el agua me daba por la cintura, en un instante, casi todo mi cuerpo estaba bajo el agua. Yo gritaba, pero solo se escuchaban gemidos. En el último momento Dimitri me agarró con fuerza por el cuello y me sumergió.

(Continuará)

Por Lady Diana y Leonel de lima. 
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