Lectores

20 oct. 2010

Serie Labios persuasivos Capitulo II.

Hola a todos aquí les traemos el segundo capitulo de la serie  Labios persuasivos. Espero que les guste.





Capitulo 2. Despertar

Cuando Frederick salió del baño me quedé un instante mirando la bañera como una estúpida. Por un instante no podía creer lo que acababa de pasar, pero mis ropas mojadas no dejaban un lugar para la duda, había estado allí sumerjida y por arte de magia no me había ahogado, sino que había respirado el agua como si yo hubiera nacido en un estanque o en un río. Pero todo eso estaba como taponado en mi cerebro, no podía pensar con claridad.
Me pasé la mano por la cara intentando calmarme. Respiré hondo y moví las brazos para que mis músculos se relajaran. Entonces abrí la puerta. Casi choqué con Frederick que estaba parado frente a la puerta abotonándose la camisa. Por un instante miré su abdomen perfecto y mis ojos recorrieron la anatomía de su pecho hasta llegar a su cara. Su cabello le ocultaba parte del rostro y sus ojos me miraban con una intensidad que me paralizó los pensamientos. No podía negar que é era muy guapo, bueno está bien, era guapísimo. Pero, por el amor de dios, era Frederick el raro, se supone que yo no debía estar encandilada por él. Tragué saliva antes de poder hablar, haciendo un gran esfuerzo.

-Me estabas espiando?-gruñí, aparentando estar enfadada.
-No exactamente, solo quería asegurarme de que no fueras a hacer nada raro-sonrió.
No pude dejar de lanzarle una mirada asesina, que a él no pareció importarle.
-Si no te molesta me gustaría cambiarme.
-Detrás de esa puerta está mi humilde habitación. Puedes tomar lo que quieras...si es que algo te queda bien-volvió a exhibir su sonrisa torcida.
Sin tomarme la molestia de contestarle entré al lugar que me había indicado. La habitación estaba un poco desorganizada. (Lo típico en el cuarto de un chico así que no me llevé ninguna sorpresa.) Escogí una camisa a cuadros blancos y negros.
Cuando regresé al pasillo el olor inconfundible de un té me llevó hasta la cocina. Frederick estaba sirviendo dos tazas. Me acercó una.  Hundí mi cara entre mis manos.
-Sé como te sientes Charlotte-me llegó la voz de Frederick, que sonaba muy cálida.
Por entre las rendijas de mis dedos lo observé incrédula.
-Nadie reacciona bien al enterarse de que es...diferente.
Entonces recordé como si fuera una bofetada lo que estaba pasando en realidad. Y sentí que me llenaba de rabia.
-No me digas! Así que nadie reacciona bien no! Maldito estúpido! Eres un lunático-le dije mientras me ponía de pie- Tienes serios problemas psicológicos, sabías? Y tomate tú tu maldito té!-grité mientras lanzaba la taza contra la pared.
-Mira Charlotte esta es una realidad que debes admitir.
-Por qué hiciste eso???!! Por qué me sumerjiste en el agua???!!
-Me pareció la manera más rápida de que te enteraras de tu condición.
-Cual condición, imbécil?! De que me estás hablando?! Por qué pude respirar mientras estaba sumerjida en la bañera??! Qué broma es esta, eh?!
-Cálmate Charlotte.
-No me calmo nada!!Y habla ahora mismo, o te prometo que vas a tener serios problemas. Esto no se va a quedar así, que lo sepas.
-Siéntate.
-Quien eres tú para mandarme que me siente? No me siento. Habla!!
-Charlotte-continuó él, muy calmado-lo que te voy a decir no es algo muy fácil de asimilar así que te sugiero que te sientes.
Me senté o más bien me dejé caer sobre la silla.
-Bien.
-Ya me senté! Dime! Dime!
-Ok. Has escuchado hablar de la Atlántida?l
-Qué Atlántida ni Atlántida? Vete al grano Frederick porque estoy perdiendo la paciencia.
-La Atlántida es una isla donde sus habitantes tienen una tecnología muy superior a la que existe en los demás continentes. Poseen una cultura tan vasta y tan fuerte que se ha dispersado por todo el mundo sin que los demás lo noten practicamente.
-Y a mí que me importa?
-Bueno, yo diría que debería importarte, porque tú eres de allí.
-Ehhhh, mira yo siempre he pensado que eras un tipo raro, pero has superado todas mis expectativas. Esto ya es demasiado. Esto es lo último.
-Mira tu muñeca.
Enseguida miré mi muñeca con un gesto de indiferencia. Pero allí donde antes mi piel (que por cierto acababa de hidratar con crema Nívea), me encontré una marca grisácea. Un circulo con los bordes difuminados, y en el centro una estrella con cientos de puntas. El círculo estaba rodeado por la palabra Atlantis.
Me puse histérica mientras con una mano frotaba el símbolo para hacerlo desaparecer.
-Que es eso? Qué es eso? Quítamelo ahora mismo!
-No se va a quitar porque se activó cuando tus pulmones volvieron a estar llenos de su elemento natural que es el agua. Eso ha hecho renacer en ti toda tu esencia.
-Tú crees que yo me voy a creer esa historia barata, bajada de internet? Estás muy equivocado querido. Y quiero que se me quite eso o te vas a arrepentir de todo esto.
-Que decepción-suspiró Frederick-pensaba que eras un poco más inteligente.
-Esto se acabó-dije mientras me ponía en pie-me voy para mi casa ahora mismo-continué mientras sentía como los ojos se me llenaban de lágrimas, pero me paré con una actitud decidida y me dirigí hacia la puerta.
-Espera Charlotte, hay muchas cosas que no sabes y esto es mucho más peligroso de lo que crees...


Por: Lady Diana Castillo y Delfi Mejía
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