Lectores

30 oct. 2010

Serie Labios persuasivos




Serie Labios persuasivos

Capítulo 1. La visita de Charlotte

Capítulo 2. Despertar

Capítulo 3. Atracción
Capítulo 5. Compañía en el bosque


Charlotte

                                      Frederick

Frederick tenía tanta fuerza que sin darme cuenta casi me levantó por el brazo y enseguida caminamos otra vez hacia la escuela,  ( yo medio arrastrada por él). Sentía que algo nos perseguía y tenía ganas de mirar atrás, pero al mismo tiempo tenía miedo de comprobar que aquella figura estuviera más cerca de nosotros. Trataba de soltarme, porque no me gustaba que me llevara así como si yo fuera una niña inútil, y porque también me ponía nerviosa tener sus manos encima de mí, pero sus fuertes brazos no cedieron a mis esfuerzos.
Al llegar a la escuela lo primero que pensé fue en irme a mi casa y no tener que pensar en nada más, pero tuve que aguantar las cuatro horas de clase que faltaban. Sentía la mirada de Frederick encima de mí todo el tiempo y nunca lo había visto tan sombrío, tan preocupado.
Emely me pasó un papelito durante el último turno que decía, Qué pasó entre ustedes?, pero no le contesté, sino que lo rompí en silencio y lo dejé hecho una pelotita sobre mi pupitre. Lo menos que quería era hablar, no quería analizar absolutamente nada, quería estar tranquila, en paz, sin pensar.
Cuando sonó el timbre salí disparada sin darle tiempo a Frederick a seguirme. Emely en cambio, como estaba más cerca de mi se me pegó como un chicle. Durante todo el camino me preguntó más de un millón de veces que había pasado con Frederick y yo siempre le contesté nada, no pasó nada.
Mientras caminabamos por el camino rodeado de arboles que me era tan familiar me sentí observada. Sin embargo no quería decirle nada a Emely, no quería asustarla. A medida que nos acercábamos a nuestras casa la tarde se hacía más oscura. El camino por donde transitábamos era un lugarcito que nos encantaba porque podíamos hablar de nuestras cosas con tranquilidad, era silencioso, pero ahora se me antojaba agresivo, casi burlón, como si un par de ojos nos estuvieran acechando desde un sitio que yo no descubría.
Sigilosamente miré a mi alrededor, intentando que no se notara que me daba cuenta de que me espiaban y entonces me estremecí. Un poco más adelante había visto una figura parecida a la que había visto en el parque cuando estaba con Frederick. Dudé entre seguir caminando y detenerme. No sentía tanto miedo por mi, como por Emely. Ella no tenía la culpa de nada de lo que estaba pasando.
Como si fuera un a radio mal sintonizada escuchaba la voz de Emely hablándome sobre sus últimas zapatillas converse. Nos acercábamos a la figura y me di cuenta, que se estaba acercando, moviéndose hacia el el borde del camino. Ya estábamos lo suficientemente cerca para que volviera a ver sus ojos amarillos, grandes, en los que yo podía leer odio, no había otro sentimiento allí más que ese.
Cuando estuvimos casi a su altura le agarré un brazo a Emely con tanta fuerza que le hice daño.
-Ay! Qué pasa!
-Corre Emely.



 

23 oct. 2010

Serie Labios persuasivos Capitulo 4

Serie Labios persuasivos

Capitulo 1. La visita de Charlotte

Capítulo 2. Despertar

Capítulo 3. Atracción


Capítulo 4. Génesis

Caminé al lado de Frederick rígida como una tabla. Y durante unos instantes ninguno de los dos dijo nada. Salimos del patio de la escuela y seguimos caminando hacia el parque ecológico que estaba a un par de cuadras de la escuela. Pronto, detrás de los arboles vi los conocidos bancos rojos que rodeaban el estanque. No había absolutamente nadie. Solo se escuchaba el graznido de las aves y el sonido de las hojas de los arboles movidas por el viento.
Comencé a sentir miedo. Comencé a intuir que un lugar desolado como ese junto con un chico lúnatico, fuerte, alto y musculoso no era una buena combinación. Para colmo pensaba que si corría solo lograría acelerar más las cosas y la situación sí que se tornaría violenta para mi.
Todavía sin decir nada Frederick se sentó en un banco y con un gesto me indico que hiciera lo mismo a su lado. Me senté obediente, pero con precaución.
-Lamentablemente no creo que pueda decir o hacer nada que pueda hacerte sentir menos angustiada Charlotte. Y lo siento mucho, de veras.
-Pues no digas nada-contesté exhibiendo la sonrisa más perfecta y angelical de la que soy capaz, esa que se ve en los anuncios de Colgate.
-Por suerte o por desgracia tengo que continuar revelandote ciertos asuntos, es mi responsabilidad.
Asentí repetidamente. Es eso lo que dicen que hay que hacer con los locos, darles la razón todo el tiempo.
-Ok-dije sonriente-mirando disimuladamente a mi alredor, a ver si pasaba alguien. Ni un alma.
- Tus padres no son tus padres.
-Aquí vamos de nuevo-murmuré mientras dejaba caer mi cabeza entre las manos.
-Tu madre era una Aquidraide. Y no una cualquiera. La más importante de Atlantis.  El agua le obecede, era capaz de entablar una comunicación con ese elemento, no lo controlaba simplemente, se hacía uno con él. Podrás imaginar lo importante que es ese poder para una ciudad sumergida. Gracias a eso Atlantis ha sobrevivido hasta hoy. Justamente por eso, tú eres tan importante para nosotros. Tienes todos sus poderes. Esa es tu herencia.
Mientras Frederick hablaba yo intentaba que mi rostro no reflejara ningún tipo de interés, aunque su historia me había despertado recuerdos de mi infancia. Recordaba, como si estuviera viendo una vieja película, a mis padres llevandome a la orilla del mar cada tarde, el único lugar donde podía respirar a mis anchas y donde el sonido de las olas era como un mensaje cifrado que yo no podía comprender. Cosas que olvidé, o crei olvidar al crecer, atribuyendolas a mi imaginación infantil, a mi falta de razón. La misma razón que ahora me impedía creer lo que estaba escuchando de los labios de Frederick. 

-Vas a seguir con eso? A dónde quieres llegar? no me gsutaría tener que llegar al límite de mezclar a las autoridades del colegio en esto, pero ya veo que...-dije agotada.
-Quiero llegar-dijo Frederick, mientras extendía la mano-a que puedas sacar de ti el poder que corre por tus venas-noté que el azul de sus ojos se tornaba más intenso y el agua del estanque se revolvió como si atendiera su llamada. Una esfera de agua salió del estanque y quedó suspendida en el aire. Yo me estremecí. La esfera se acercó a nosotros lentamente. A travéz de ella se podían ver los otros bancos, el césped bien cortado. Cuando estuve frente a mí, se alargó hasta formar una cinta que rodeó el banco donde estabamos sentados. Al mismo tiempo que Frederick movía sus manos lentamente a nuestro alrededor la cinta giraba como si estuviera viva. La luz del sol se reflejaba en ella. Era muy hermoso. Era atemorizante también. Yo estaba como hipnotizada, era mágico.
De repente aquella maravilla cesó y el agua cayó bruscamente al piso mojando mis zapatos. Saliendo de mi ensueño miré a Frederick. Él estaba observando algo más allá del estanque, con el ceño fruncido, tenso. Era la primera vez que veía en él una expresión tan severa y no pude dejar de mirar a ver que observaba.
Entre los delgados arboles del otro lado del estanque una figura oscura nos observaba. Solo se veían su silueta y un par de ojos amarillo-verdoso como los de un reptil, pero sentí que de ella emanaba una maldad tal que el corazón se me encogió.
Frederick me tomó del brazo, apresurado.
- Tenemos que irnos. 

Serie Labios persuasivos Capitulo 3

Serie Labios persuasivos

Capitulo 2. Despertar

Capitulo 3. Atracción



Al día siguiente llegué al curso y me senté en mi lugar, sin mirar a nadie.  Bueno, con el rabillo del ojo pude ver que allí estaba ese elemento subversivo de Frederick, pero lo ignoré. Tenía ganas de meterme debajo de la silla. Llevaba un guante negro en la mano donde estaba el símbolo.
Mientras la clase de matemáticas continuaba, y me aburría más de lo normal, comencé a sentir algo extraño. Por alguna razón parece que mi cuello, mi cabeza, todo mi cuerpo giraba hacia Frederick. No podía dejar de mirarlo constantemente. Era como una reacción involuntaria. Y cada vez que mis ojos se fijaban en él sentía que una ola de placer se extendía por todo mi cuerpo. Pero, por el amor de Dios, que rayos estaba sucediendo?
Además, no sé si me estaba volviendo loca, pero comencé a ver la figura de Frederick como si de ella saliera un leve resplandor, como si él tuviera una especie de luz interna que se irradiara suavemente al exterior. Era como si él se destacara por encima de todo el grupo. Y para colmo en ese momento me di cuenta por primera vez de lo perfectas que eran sus facciones. Sus labios me parecían cada vez más seductores. Estaba desconcertada, lo que antes para mí era algo extraño ahora era irresistible.
Tuve un sobresalto cuando escuché decir a mi lado:
-Heeelllooo! Estás despierta?
Era Emily. Mi mejor amiga. Como siempre con su inseparable goma de mascar, sabor fresa hiperdulce. Con el uniforme escolar levemente modificado a su estilo lo que incluía un par de leggins fucsia con caravelas, ambas manos colmadas de accesorios estilo góticos y su típico peinado al estilo despeinado que se pasaba hoooorasss frente al espejo para que quedara perfectamente despeinado.
-Despierta cariño, tuve que cambiarme de asiento y venir aquí a tu lado porque al parecer hoy solo tienes ojos para Frederick. Qué pasó? Te contagió?
-Yooo?-contesté-imposible.
-Sssshhh, habla bajito, que la bruja de matemáticas está hoy, que corta. Si me ve hablando otra vez me zumba una página de ejercicios para mi solita. Y aquí entre nos, eso no hay quien lo entienda. Y entonces, defiéndete. Qué te ocurre? Y ese guante negro? Me estás copiando? O sea, sé que es inevitable, pero de ti no lo esperaba.
-Emely, hablamos en el receso, por favor-le contesté mientras solo tenía ganas de volver a mirar a Frederick y al mismo tiempo no quería hacerlo delante de Emely.
El timbre sonó y sentí que me liberaban de una tortura. Salí sin perder un minuto para el baño. Entré y me miré en el espejo que me devolvió un rostro con ojeras. Respiré hondo. Me hubiera gustado quedarme más tiempo ahí, sola, pero entraron un grupo de chicas demasiado fresitas para mi gusto y el ambiente se volvió incómodo. Salí y en la puerta me esperaba Emely, con una cara en la que se podía leer la curiosidad.
-Dispara, chica. Me están matando los nervios. Y estoy demasiado bella para morir ahora. Cuentalo ya.
Suspiré. A pesar de que Emely es medio loca, es mi amiga. Y tenía derecho a saberlo. No nos ocultamos nada.
-Bueno Emely, dije mientras la llevaba detrás de una columna-ayer fui a casa de Frederick...
-Lo sabía! Lo sabía! Te me fuiste alante, ja, y eso que te haces la que no mata una mosca-dijo finjiendo envidia-lograste que el chico más sexy del curso te invitara a su casa, y yo que pensaba que eras una novata.
-Emely, por favor, déjame hablar no es lo que tú estás pensando-dije exasperada.
En ese momento sentí una mano en mi hombro y cuando me volteé ahí estaba Frederick muy serio.
-Charlotte, tenemos que hablar.
-Yo no tengo nada que hablar contigo.
-Bueno-Frederick se recostó de la columna, acercándose más a mi-si tú quieres te lo digo delante de Emely.
-Ups! Creo que aquí sobro-dijo Emely, alejándose por el pasillo con una sonrisita de satisfacción-nos vemos luego...no-va-ta.

(Continuará)

Por Lady Diana y Leonel de lima http://leoneldelima.blogspot.com

22 oct. 2010

El dinosaurio de Augusto Monterroso

Es tarde durante el club de lectura juvenil que coordino, estuvimos leyendo minicuentos de varios escritores comprendidos en la antología Cuentos vertiginosos, un libro que contiene cuentos mínimos seleccionados por Lauro Zavala.
Entre los minicuentos no podía faltar el famoso dinosaurio de Monterroso:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.  


Les pedí a los chicos que interpretarán este brevísimo cuento y aquí están algunas de sus reflexiones.

1. Un hombre practicaba un viaje astral y se transportó a la era de los dinosaurios. Cuando regresó trajo consigo el espíritu de un dinosaurio. Luego, se despertó para comprobar que el dinosaurio todavía estaba allí. (Winiber, 18 años)

2. Cuando el hombre despertó se dio cuenta de que el pasado seguía allí, el pasado nunca lo abandonaría. El dinosaurio representa el pasado. (Emil, 18 años)

3. El dinosaurio estaba durmiendo y cuando despertó para su sorpresa, estaba en el mismo lugar. (Diana, 12 años)

4. El hombre estaba en un lugar extraño, un mundo fantástico. Cerró los ojos pensando que lo que estaba viendo no era posible, que era producto de su imaginación, pero cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí. Era real. (Fátima, 15 años)

5.  Durmió durante muchas horas, pero de todas formas cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí. (Elizabet, 14 años).

Cuál es tu interpretación?

:D

20 oct. 2010

Serie Labios persuasivos Capitulo II.

Hola a todos aquí les traemos el segundo capitulo de la serie  Labios persuasivos. Espero que les guste.





Capitulo 2. Despertar

Cuando Frederick salió del baño me quedé un instante mirando la bañera como una estúpida. Por un instante no podía creer lo que acababa de pasar, pero mis ropas mojadas no dejaban un lugar para la duda, había estado allí sumerjida y por arte de magia no me había ahogado, sino que había respirado el agua como si yo hubiera nacido en un estanque o en un río. Pero todo eso estaba como taponado en mi cerebro, no podía pensar con claridad.
Me pasé la mano por la cara intentando calmarme. Respiré hondo y moví las brazos para que mis músculos se relajaran. Entonces abrí la puerta. Casi choqué con Frederick que estaba parado frente a la puerta abotonándose la camisa. Por un instante miré su abdomen perfecto y mis ojos recorrieron la anatomía de su pecho hasta llegar a su cara. Su cabello le ocultaba parte del rostro y sus ojos me miraban con una intensidad que me paralizó los pensamientos. No podía negar que é era muy guapo, bueno está bien, era guapísimo. Pero, por el amor de dios, era Frederick el raro, se supone que yo no debía estar encandilada por él. Tragué saliva antes de poder hablar, haciendo un gran esfuerzo.

-Me estabas espiando?-gruñí, aparentando estar enfadada.
-No exactamente, solo quería asegurarme de que no fueras a hacer nada raro-sonrió.
No pude dejar de lanzarle una mirada asesina, que a él no pareció importarle.
-Si no te molesta me gustaría cambiarme.
-Detrás de esa puerta está mi humilde habitación. Puedes tomar lo que quieras...si es que algo te queda bien-volvió a exhibir su sonrisa torcida.
Sin tomarme la molestia de contestarle entré al lugar que me había indicado. La habitación estaba un poco desorganizada. (Lo típico en el cuarto de un chico así que no me llevé ninguna sorpresa.) Escogí una camisa a cuadros blancos y negros.
Cuando regresé al pasillo el olor inconfundible de un té me llevó hasta la cocina. Frederick estaba sirviendo dos tazas. Me acercó una.  Hundí mi cara entre mis manos.
-Sé como te sientes Charlotte-me llegó la voz de Frederick, que sonaba muy cálida.
Por entre las rendijas de mis dedos lo observé incrédula.
-Nadie reacciona bien al enterarse de que es...diferente.
Entonces recordé como si fuera una bofetada lo que estaba pasando en realidad. Y sentí que me llenaba de rabia.
-No me digas! Así que nadie reacciona bien no! Maldito estúpido! Eres un lunático-le dije mientras me ponía de pie- Tienes serios problemas psicológicos, sabías? Y tomate tú tu maldito té!-grité mientras lanzaba la taza contra la pared.
-Mira Charlotte esta es una realidad que debes admitir.
-Por qué hiciste eso???!! Por qué me sumerjiste en el agua???!!
-Me pareció la manera más rápida de que te enteraras de tu condición.
-Cual condición, imbécil?! De que me estás hablando?! Por qué pude respirar mientras estaba sumerjida en la bañera??! Qué broma es esta, eh?!
-Cálmate Charlotte.
-No me calmo nada!!Y habla ahora mismo, o te prometo que vas a tener serios problemas. Esto no se va a quedar así, que lo sepas.
-Siéntate.
-Quien eres tú para mandarme que me siente? No me siento. Habla!!
-Charlotte-continuó él, muy calmado-lo que te voy a decir no es algo muy fácil de asimilar así que te sugiero que te sientes.
Me senté o más bien me dejé caer sobre la silla.
-Bien.
-Ya me senté! Dime! Dime!
-Ok. Has escuchado hablar de la Atlántida?l
-Qué Atlántida ni Atlántida? Vete al grano Frederick porque estoy perdiendo la paciencia.
-La Atlántida es una isla donde sus habitantes tienen una tecnología muy superior a la que existe en los demás continentes. Poseen una cultura tan vasta y tan fuerte que se ha dispersado por todo el mundo sin que los demás lo noten practicamente.
-Y a mí que me importa?
-Bueno, yo diría que debería importarte, porque tú eres de allí.
-Ehhhh, mira yo siempre he pensado que eras un tipo raro, pero has superado todas mis expectativas. Esto ya es demasiado. Esto es lo último.
-Mira tu muñeca.
Enseguida miré mi muñeca con un gesto de indiferencia. Pero allí donde antes mi piel (que por cierto acababa de hidratar con crema Nívea), me encontré una marca grisácea. Un circulo con los bordes difuminados, y en el centro una estrella con cientos de puntas. El círculo estaba rodeado por la palabra Atlantis.
Me puse histérica mientras con una mano frotaba el símbolo para hacerlo desaparecer.
-Que es eso? Qué es eso? Quítamelo ahora mismo!
-No se va a quitar porque se activó cuando tus pulmones volvieron a estar llenos de su elemento natural que es el agua. Eso ha hecho renacer en ti toda tu esencia.
-Tú crees que yo me voy a creer esa historia barata, bajada de internet? Estás muy equivocado querido. Y quiero que se me quite eso o te vas a arrepentir de todo esto.
-Que decepción-suspiró Frederick-pensaba que eras un poco más inteligente.
-Esto se acabó-dije mientras me ponía en pie-me voy para mi casa ahora mismo-continué mientras sentía como los ojos se me llenaban de lágrimas, pero me paré con una actitud decidida y me dirigí hacia la puerta.
-Espera Charlotte, hay muchas cosas que no sabes y esto es mucho más peligroso de lo que crees...


Por: Lady Diana Castillo y Delfi Mejía

17 oct. 2010

El libro del cementerio


Hola!
Les traigo un breve comentario acerca de El libro del cementerio de Neil Gaidman, a quien adoro con toda mi alma, o sea, que es uno de mis escritores superfavoritos.

En una acogedora casita se introduce un individuo vestido de negro. Asesina a sangre fría a toda una familia, bueno, a toda no, porque un bebé escapa. El niño se introduce en el cementerio y allí es acogido por los muertos que intentarán mantenerlo en el anonimato. Así pasa a llamarse ¨nadie¨, Nadie Owens.
En el cementerio crece y se convierte en un adolescente cuya curiosidad va creciendo cada vez más. Nada podrá impedir sus ansias de salir al mundo y conocer a los vivos....entre los cuales algunos quieren matarlo. Pero...¿por qué?

Este libro me gustó mucho, creo que ningún personaje se parece a otro, cada personaje está tan bien trazado que aceptas enseguida su manera de comportarse, el libro es muy redondo, o sea, la historia no menciona nada que no sea lo estrictamente necesario. Y al final se llevarán más de una sorpresa....

Aunque no podría comparar este libro con Neverwhere del mismo autor, no tengo nada que objetar, así que 5 estrellas de 5
Hasta el próximo libro!

11 oct. 2010

He vuelto


Hola a todos!

Estoy de vuelta por aquí, je.

Lo cual no quiere decir que he terminado mi novela, (ya me gustaría a mí), pero al menos he descansado mucho, me he renovado, he cuidado mi cuerpo, mi mente y mi alma. Y mis armas están cargadas de nuevo, jeje.
Y ya era hora de volver a cuidar otra vez mi blog. :)

Así que por aquí andaré con reseñas de libros, algún que otro relato y comentarios también de películas porque inauguraré una nueva sección, D-cine, un espacio para reseñar las pelis que me gustan.
Pronto iré terminando las cosas inconclusas como el final del relato La visita de Charlotte.

Besitos!